Las locuras de la gente y las trampas del vendedor

Sábado. La mayoría de las personas no trabaja un sábado y dedica uno de sus días libres a pasear, descansar y a sacar el consumista que cada uno tiene adentro.

Sábado. Algunos trabajamos cuando todos están rascándose a cuatro manos y tenemos que ser lo suficiéntemente buena onda como para tratar bien a la persona que atendemos, porque en el fondo sabemos que la estamos envidiando.


Las casas de deporte son de las más elegidas en Shoppings o peatonales y las zapatillas son el producto más sobresaliente y vendido en estos casos. Por supuesto yo trabajo en una de ellas y tengo la suficiente experiencia y propiedad para hablar de este tema porque no sólo es cuestión de compra y venta sino que esta actividad, como tantas otras, encierra miles de misterios, locuras y trampas que uno ni se imagina.

Cuando me refiero a locura hablo por los clientes ya que un loco no trabajaría en un comercio, lo rajarían en dos semanas. Hay clientes buena onda, mala onda, jodidos, que no entienden nada y hay clientes hijos de puta, pero de esos no quiero hablar, tal vez en otro momento. Hoy prefiero meterme con los loquitos esos que vienen y te dicen “me mostrás esta zapatilla” y vos le decís “sí, ¿en que número?” y el tipo con cara de desconcierto total se mira el pie, lo levanta, te lo exhibe para que lo veas bien y te dice “y… ¿vos que decís? ¿40?”. ¿Flaco tenes 30 años y no compraste nunca una zapatilla? ¿Qué tenés en la cabeza? ¿Quién te compró esas cosas horribles que tenés puestas en este momento? Amablemente yo contesto: “Probamos con 40 y de última vemos”. La historia termina con el tipo llevándose unas 43 porque eso era realmente lo que calzaba y nunca lo supo.

Pero está bien, la gente es así. Piensa que porque nosotros trabajamos en una casa de deportes vamos a mirarle el pie y vamos a saber cuanto calza. No tengo rayos X querido. En fin, sigamos adelante. Un buen vendedor tiene que soportar muchas cosas. Una de las más molestas es que te pidan algo y que cuando lo fuiste a buscar y lo traés la persona te diga “ay gracias ya me trajo la chica” y vos con la sonrisa más falsa del mundo le decís “ahh bueno, la próxima pedile solo a un vendedor”. Sino está el tipico caso que un matrimonio pide las zapatillas de él a un empleado y las de ella a otro y así no se sabe de quién es la venta. Muchachos algunas personas trabajan a comisión, no generemos conflictos internos por favor…

Así como hay gente que labura a comisión hay personas que no lo entienden. Como la típica vieja que está entre dos zapatillas y te pregunta “¿Vos cuál me recomendás?” A lo que el vendedor responde “Y yo me llevaría esas, tienen más amortiguación y le van a durar más” (Traducción: Llevate las Nike que son más caras y yo sumo un par de pesitos más para el finde). Esa misma señora entrada en años te pregunta “¿Y qué tal esta marca? ¿Es buena?”. “No señora, es mala, le va a durar una semana, las va a traer porque se le rompieron todas y la garantía no se las va a reconocer por el supuesto mal uso que usted le dio”. Ay doña doña ¿qué espera que responda? ¡Obvio que son geniales!

Uno de los problemas que se genera en el vendedor es cuando no tiene lo que le piden. Según la habilidad de cada uno le va a terminar vendiendo cualquier cosa o algo similar a lo que quería el cliente en un principio. Pero algunos quieren ESA ZAPATILLA y no hay con que darle. Te pide 42 y vos obviamente no tenés, solo te queda en 43. Primera trampa del vendedor: Muchas de las zapatillas que vendemos no poseen la numeración de nuestro país, afortunadamente la gente nos cree y nosotros podemos mentir descaradamente sobre el talle del calzado. ¿Pero cómo una 43 no le va a ir grande a un tipo que calza 42? Ahí entra en juego la cabeza.

• Primer escenario posible con vendedor sincero:
– Mirá solo me quedó en 43, ¿te las querés probar?
– No, gracias.

• Segundo escenario posible con vendedor sincero:
– Mirá solo me quedó en 43, ¿te las querés probar?
– Dale (se las prueba), no flaco me van grandes, gracias igual.

El tercer escenario sería que el cliente sabiendo que es una 43 se la lleve de todas maneras porque cuando las prueba efectívamente no le quedan tan mal. Ahora probemos con un vendedor un poquito menos sincero.

• Primer escenario posible con vendedor chamuyero (la magia del medio punto):
– Mirá me quedó 42 y medio, ¿te las querés probar?
– Dale, total medio punto no es nada (se las prueba), si van joya, las llevo.

• Segundo escenario posible con vendedor chamuyero (La gran horma):
– Me quedaron en 43, pero son de horma chica, ¿te las querés probar?
– Dale (venta exitosa)

• Tercer escenario posible con vendedor chamuyero (jugando con fuego):
– Aca tiene caballero en 42.
– Gracias (se las prueba) ¿son 42 estas?
– Si
– Aca dice 44.
– Ese es el número europeo señor.
– Ah con razón, esta bien las llevo.

¿Por qué jugando con fuego? Siempre está la posibilidad que el chamuyo no te sirva ante una persona que labura o laburó de eso y te puede poner en evidencia adelante de todos y hacer un poquito de quilombo (obviamente la chance es mínima).

Estas son algunas de las cartas con las que cuenta un vendedor a la hora de realizar su trabajo, le pueden salir bien o mal, pero las juega y trata de mejorar sus ventas. Ahora volvamos al último caso donde el cliente no se convence del todo del número de la zapatilla y pide un talle menos, en este caso también tendríamos tres escenarios posibles con tres tipos de vendedores distintos.

• Primer escenario posible con vendedor chamuyero pero finalmente sincero:
– ¿No me traerías un numerito menos?
– No señor, un número menos no me quedó.
– Bueno gracias igual, hasta luego.

• Segundo escenario posible con vendedor chamuyero y con cancha:
– ¿No me traerías un numerito menos?
– Si señor, ahora le busco (va al depósito y vuelve). Mire me queda en este modelo que es similar en precio y en calidad, además es del mismo tipo de zapatilla que usted está buscando.
– Bueno me la pruebo (venta exitosa).

• Tercer escenario posible con vendedor chamuyero, mentiroso y kamikaze:
– ¿No me traerías un numerito menos?
– Si, como no, ahora le traigo (simula ir a buscar al depósito, espera, especula y vuelve con la misma zapatilla). Mire tengo para ofrecerle medio punto menos nada más.
– A ver, puede andar.

El resultado de este tercer caso lo dejamos a criterio del lector, pero se sorprenderían de como afecta el “factor cabeza” en estos casos. El cliente confía en el vendedor, sabe lo que pidió y está convencido de que la zapatilla que le trajo el muchacho tan amablemente es medio punto menos que la que se probó 5 minutos atrás cuando en realidad es exactamente la misma. Y se sorprenderían también de las veces que el cliente, contento, expresa un “ahora sí, estas van perfecto”.

 

• Publicado por:

Bilo

(Un redactor que trabaja de otra cosa)
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