Historias Mínimas (Vol #1)

Running

Correr me hace bien. No solo para mantenerme físicamente o quemar grasas sino también para despejar la mente. Pero ahora mi mente se centró en otra cosa. Una figura perfecta y su andar hicieron detener mi mirada. La pasé, ella venía caminando y yo corriendo y la tuve que pasar aunque no quise ya que verla de atrás era glorioso. Pensé en darme vuelta y mirarla a la cara, sabía que me iba a encontrar con una mujer que me doblaba en edad, lo que me gustaba, pero supuse que quedaba muy alevoso. Una veterana de guerra, o de varias guerras, pensé. Decidí que lo mejor era apurar el paso mientras corría para volver a observar esa manzanita perfecta desde atrás. Y así lo hice dos veces más, resistiendo la tentación de girar y encontrarme con sus ojos. Entonces me decidí

. Frené y caminé, pero en la dirección opuesta a la que venía corriendo alrededor de la plaza. De esta manera la iba a encontrar, quería ver si era tan perfecta como lo era de atrás. A lo lejos divisé su figura y aceleré el paso. Cuanto más me acercaba más me gustaba y a su vez veía algo familiar en ese andar. Ya cuando la tuve a pocos metros reconocí su rostro pero ella frenó y habló primero

– Hola Lauti, no sabía que venías a caminar, si querés después volvemos juntos en el auto.

– Hola ma, yo tampoco sabía que caminabas en la plaza.

 

Amor a primera vista

Me enamoré. Esos ojos, esa boca, ese pelo rubio que caía sobre sus hombros. Sí, no tenía ni idea quién era pero no podía dejar de mirarla. Pasaron dos estaciones hasta que se percató de mi mirada. Corrí los ojos al instante, luego volví a mirar y ella seguía observándome. Me centré en el libro que tenía abierto de par en par sobre mis muslos, yo estaba en uno de los asientos mientras ella iba apoyada contra una de las puertas del tren. Crucé mi vista otra vez con ella y esta vez pude mirarla fijo. Me sonrió, y apartó la mirada. ¿Podría ser qué haya tenido el mismo efecto yo en ella? ¿Era posible? No creo, calculo que me sonrió por cortesía. Pasaban las estaciones y no se bajaba, y cada tanto nuestros ojos se encontraban en pequeños segundos. Pensé en escribir mi facebook en un papel y entregárselo antes de bajarme, pero también tendría que agregar un número de celular ya que mi apellido era muy común y corría riesgo de que, si llegara a estar interesada, no me encuentre en la red social. Saqué un papel y una lapicera de mi mochila y me quedé mirándolos, ella me observaba ya sin carpa. Bajé la vista y comencé a escribir “Verónica…” pero cuando estaba escribiendo mi apellido un papel se cruzó delante de mis ojos. Levanté la vista y me encontré con los ojos celestes de esa rubia preciosa que me susurró al oído “Llamame bonita”. Acto seguido bajó del tren y yo quedé toda colorada esquivando las miradas de todo el vagón.

Encrucijada

Llega un momento en la vida donde tenés que tomar una decisión. Varios momentos, de hecho. Es ese lugar donde tenés dos caminos para elegir, con la adrenalina de tomar el sendero correcto o el miedo de equivocarse y fracasar. Arriesgar todo, jugársela o tomárselo con calma. Siempre llega un instante donde te encontrás con el pasillo de la izquierda y el de la derecha. Ambos son tentadores, ambos pueden funcionar y ambos te pueden llevar a la ruina. Por eso es que la decisión se torna tan difícil, y el tiempo te juega una mala pasada ya que te acogota y te empieza a decir: “dale flaco, decidí, ¿qué camino tomás?”. Y vos lo seguís pensando, repasás las posibilidades, analizas el gran éxito o el rotundo fracaso, toda tu vida pasa por delante de tus ojos y vos estás seguro que todo se limita a elegir bien. Porque después de todo ¿hay alguna otra alternativa? En principio parece que no, pero después te das cuenta que quizás no tenés que tomar un camino. Quizás no tenés que elegir entre la izquierda o la derecha y podés mantenerte al margen, quedarte en el molde, quedarte en el medio. Y te decidís. Una hora más tarde estás dando la vuelta olímpica con tus compañeros, una medalla colgada en el pecho y un trofeo en la mano. Por suerte lo pateó al medio.

 

 

• Publicado por:

Bilo

(Redacción de Paella Creativa)
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